sábado, 27 de diciembre de 2008

de la utilidad del dedo gordo de la mano izquierda

Ayer, bajando una colina con esquís en los pies... (Es que no me atrevo a decir "esquiar"; no estoy muy segura de que lo que hago sea precisamente eso.) me di un madrazo después de ser el núcleo de una miniavalancha. Toqué mis partecitas para ver si no me había roto o torcido nada, a ver si no había salido una chichi por allá, una nalga por acá; pero no, todo en su lugar, en su dirección y colocación apropiada. Sólo un ligero dolor en el dedo gordo de la mano izquierda, pero nada de qué alarmarse. Así que, bueno, me levanté. Todavía bajé la colina una vez más.

De pronto, que me doy cuenta de que tengo la parte circundante a mi dedo gordo con una hinchazón fuera de lo común y un color medio rojo, medio verde, medio morado. Esto no puede estar tan bien. Tampoco está tan mal, porque si sí, entonces estaría llorando del dolor. Pensé, bueno, ya se arreglará. Ya Dios dirá.

Pero después entré a trabajar. Primero no había tanto problema, cortar unos plátanos a la mitad, quitarle a unas fresas las cabecitas, bañarlas en chocolate... no, no es necesario el dedo gordo de la mano izquierda en la vida. Ah, ¿pero a ver lava los trastes sin poner presión ahí? ¿A ver sécalos, a ver si muy macha? No... pos no. Y luego abrir bolsas de plástico, como las de las papas que vienen selladas con calor. Enjuagar una toalla y exprimirla... Quitarle la tapa giratoria a los recipientes como los de la mayonesa... Y quién sabe para qué otras cosas es indispensable!!

Qué interesante, ¿no?

Nada, aquí... contemplándome la mano verde.