Mi lector más comprometido me ha asaltado con el dejo de su desreflexión, sobre mi post anterior. Con la siguiente línea me desperté literalmente el día de hoy:
"No sé qué pensar de tu último post".
Carajo, bueno, son ideas. Pensaba que realmente empezamos a formar nuestra identidad en un periodo de la vida en el que somos más bien vulnerables a cualquier provocación. Siento que a partir de los 11 años por ahí empezamos a hacer las primeras comprensiones del mundo, nos empezamos a dar cuenta, y en consecuencia nos empezamos a preguntar sobre las cosas chonchas. Es como los "por qué"s de los dos años, pero más abstractos.
Y que tarde que temprano encontramos respuestas, también. Porque respuestas te las da todo el mundo, te las encuentras en todos lados.
Por otro lado, ni lo tengo que decir pero, sabemos que no hay UNA respuesta para todo, y menos para las preguntas chonchas. Por eso tanta corriente filosófica, literaria, psicológica y demás.
Claro que no sabemos de la relatividad absoluta al principio. Suponemos que hay interpretaciones adecuadas y las que no lo son. Y por alguna razón, por admiración, ¿quizás?, por masividad, a veces, o hasta por ¿alternatividad?, adoptamos alguna. Y sobre todo a esa edad suponemos que esa interpretación será inamovible. Por eso es la neta: es verdad no matter what. Casi casi como la ley de la gravedad. Y hasta la gravedad es relativa.
Y todo eso está muy bien. Porque caminar por la vida sin tener ciertas suposiciones sobre la realidad es más bien peligroso. Está perfecto que adoptemos un ideario y formemos nuestra identidad. Bien por nosotros. Sólo pienso que de un momento a otro ese ideario caduca. Ya no funciona. Hay que cambiarlo. Nuestras circunstancias son otras. Nuestras necesidades son otras. Las necesidades ¿nos las creo la sociedad otra vez? o ¿es una cuestión hormonal? Sepa, pero ahí están. Así que cambiamos. Conforme el ambiente. Conforme las nuevas experiencias. Hasta empezamos a crear nuestras propias netas. ¿Y qué tan nuestras-nuestras son? Pues eso también quién sabe.
Mi lector y yo reflexionábamos sobre la propia identidad. Qué es lo que te hace ser tú. A lo mejor, antes era estar malhumorado en las mañanas, o de un momento a otro perderle el sentido a las cosas, o ser chistoso, o ser un apasionado de la política, o tener talento musical, creer que las relaciones están destinadas al fracaso. Ahora, quién sabe. No lo sé.
Sí es cierto que llega un momento en el que podemos hacer de nuestra identidad lo que queramos. Hacer una licuadora, sacar unas cosas y dejar otras. Yo cada vez menos creo en el inatismo. Sobre todo en lo que respecta a los talentos. Pero sí me pregunto todavía, ¿qué tantas tendencias tenemos ya desde niñitos? o más bien ¿qué circunstancias nos llevaron a formar –¿crear o concentrar?– un interés específico? Los gustos son un rollo, también. Es mucho de costumbre. A qué hora tu papá o tu mamá o tus tíos dijeron, mira, al niño le gusta el mango. ¿Te gusta el mango? ¿Verdad que sí? Y entonces te gusta el mango. Y el mango se vuelve parte indiscutible de tu identidad. Incluso el humor es aprendido. La risa es social.
Pero qué.
Que sea aprendido no quiere decir que no esté ahí. Y no quiere decir que puedas seguir manteniéndolo si te gusta.
¿Y qué te gusta y qué ya no te gusta y qué siempre no te ha gustado?
Yo ya no soy antisocial. De hecho, puedo socializar en 3 idiomas distintos y hasta soy chistosa. Puedo enamorarme en 3 idiomas distintos, y ser una bitch en 3 idiomas distintos.
Quizás sí tiendo a la depresión; y me he dado cuenta de que está intrínsecamente relacionado con el abuso en la introspección. De la introspección al aislamiento y viceversa. Ahora monitoreo mis estados de humor (pongo en mi calendario caritas felices o tristes o enojadas, o mañanas tristes y noches alegres), y me doy cuenta de que siguen el ciclo hormonal, por un lado; por otro lado, sí las mañanas son difíciles para mí (quizás sufro de presión baja. El otro día me dijeron que los que tienen presión baja les cuesta trabajo despertarse en las mañanas y, cuando lo hacen, sienten malestar). Eso por el lado interno. Por el lado de las motivaciones externas, bueno, si hay la esperanza de un nuevo amor, me pongo contenta, y cuando no, me pongo triste. Cuando no he comido bien, me pongo triste, cuando no he dormido bien, me pongo triste, cuando no he ido al gimnasio en una semana, me pongo triste, si no he cogido en cierto tiempo, me dan ganas de tirarme a la vías, cuando no veo hacia dónde quiero avanzar en mi profesión, bueno, ni a las vías llego. Al contrario, si descanso, tengo tiempo de cocinar algo rico y cojo increíble, me pongo muy contenta. Y cuando vislumbro el siguiente paso en este camino académico de espinas, me pongo muy muy contenta. Ahora, por el momento, le pongo mis esperanzas al voluntariado.
Tengo un background multiétnico. No me identifico totalmente con la mexicaneidad, ni totalmente con la japonesidad. Algunas partes de la mexicaneidad me pegan fuerte. Algunas partes de la japonesidad me pegan fuerte. No quisiera ponerle porcentajes a mi identidad cultural. Pero ahora –y gracias a estos dos años y contando de crisis existencial en su mayor expresión– estoy puesta en que eso está bien. Puedo decir con seguridad y creer en eso. Luego hasta me pongo a leer sobre identidad multiétnica y hasta me veo ahí.
La comunicación con mi madre sigue siendo deficiente. Yo todavía le guardo rencor, por su irresponsabilidad respecto a su cuadro emocional, y las consecuencias que eso tuvo sobre mi hermano y sobre mí. Por otro lado, ahora me doy cuenta de los procesos por los que ella tuvo que haber pasado cuando decidió casarse con mi papá y migrar a otro país que no tiene ni mínimamente relación con las formas japonesas, y entiendo lo que tuvo que haber sido vivir con mi abuela (que esa es otra historia), y entiendo también por qué decidió huir de esta sociedad, de su rigor, de sus rituales, de sus reverencias. Eso le admiro. Y le admiro que hizo lo que estaba en sus manos para heredarnos su lengua. Y que haya abierto todas las opciones para mí en el sentido "creativo".
La comunicación con mi padre mejora.
Mi hermano y yo tenemos un entendimiento del otro más completo, creo. Menos estricto de ambas partes.
El amor sigue siendo un misterio. Pero ahora creo que si no estoy juntada es porque todavía no quiero. No estoy ni segura de lo que quiero para mí como modo de vida, así que prefiero mantener relaciones más bien inestables, y terminar relaciones que me exigen estabilildad. Eso y la contundente realidad de que todavía no he encontrado al hombre que me haga decidir sacrificar toda mi opcionalidad individual. Y que los hombres que me provocan pasión son aquellos que como yo están en constante movimiento y búsqueda. Y ellos, yo no sé, ¿en algún momento voltearán a verme como opción de vida? Es que hasta risa me da.
No es que no quiera llegar a mi casa y tener a quién darle besos, ¿sabes? Yo quiero todo eso. Tener un hijo y hacer experimentos de crianza. Pero me niego a juntarme con alguien que no me satisface, aunque sea temporalmente. Y para tener un hijo me hace falta estabilidad económica –y sí, para ser más clara, camino hacia ambos objetivos por distintos frentes.
Total que pasé las primeras horas de este día escribiéndole estas líneas con la esperanza de que mi lector más comprometido no tire la toalla y deje de visitar mi blog. Todo sea por mantener la audiencia.
Un abrazo a todos. Voy por mi café.
lunes, 28 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
espiritualidad y religiosidad
Tengo en mi explorador de Firefox tres ventanas: uno, el escritorio de Furoagari, dos, un artículo sobre espiritualidad y religiosidad en esta post-modernidad, tres, los horarios de meditación zen en un templo budista que está cerca de mi casa.
Los domingos de siete a ocho de la mañana, se aceptan principiantes.
Viendo los comentarios de uno de los principiantes, dice que aun estando en mitad de una zona residencial de Yokohama, el interior se extiende con gran profundidad, y los bosquecillos de bambús y los jardines están muy bien cuidados. Los participantes son todos del vecindario, hombres y mujeres, jóvenes y viejos –bueno, rectifica, jóvenes, no–, treinta en total, los que iban por primera vez, contándola a ella, eran tres. Los monjes eran seis –y entre ellos había también uno joven y apuesto, indica. A los principiantes les explicaban con cuidado y cortesía, total que había pasado un momento muy agradable en su mañana de domingo. Después de la meditación, tomaron té que prepararon los monjes.
A mí me espanta un poco la cosa de las 7 de la mañana, pero voy a intentar caerle el siguiente domingo.
Los domingos de siete a ocho de la mañana, se aceptan principiantes.
Viendo los comentarios de uno de los principiantes, dice que aun estando en mitad de una zona residencial de Yokohama, el interior se extiende con gran profundidad, y los bosquecillos de bambús y los jardines están muy bien cuidados. Los participantes son todos del vecindario, hombres y mujeres, jóvenes y viejos –bueno, rectifica, jóvenes, no–, treinta en total, los que iban por primera vez, contándola a ella, eran tres. Los monjes eran seis –y entre ellos había también uno joven y apuesto, indica. A los principiantes les explicaban con cuidado y cortesía, total que había pasado un momento muy agradable en su mañana de domingo. Después de la meditación, tomaron té que prepararon los monjes.
A mí me espanta un poco la cosa de las 7 de la mañana, pero voy a intentar caerle el siguiente domingo.
jueves, 3 de junio de 2010
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