Tengo en mi explorador de Firefox tres ventanas: uno, el escritorio de Furoagari, dos, un artículo sobre espiritualidad y religiosidad en esta post-modernidad, tres, los horarios de meditación zen en un templo budista que está cerca de mi casa.
Los domingos de siete a ocho de la mañana, se aceptan principiantes.
Viendo los comentarios de uno de los principiantes, dice que aun estando en mitad de una zona residencial de Yokohama, el interior se extiende con gran profundidad, y los bosquecillos de bambús y los jardines están muy bien cuidados. Los participantes son todos del vecindario, hombres y mujeres, jóvenes y viejos –bueno, rectifica, jóvenes, no–, treinta en total, los que iban por primera vez, contándola a ella, eran tres. Los monjes eran seis –y entre ellos había también uno joven y apuesto, indica. A los principiantes les explicaban con cuidado y cortesía, total que había pasado un momento muy agradable en su mañana de domingo. Después de la meditación, tomaron té que prepararon los monjes.
A mí me espanta un poco la cosa de las 7 de la mañana, pero voy a intentar caerle el siguiente domingo.