Creo que nunca les he dicho cuánto odiaba la secundaria. Cuando era aun más andrógina que ahora, y me confundían con mi hermano, mucho, mucho más que ahora. Pero, sobre todo, bueno, me chocaba y requetechocaba quererle gustar a los chicos y que me trataran como a su amigo que ni locos le plantaban un beso.
Bueno.
No lo he querido aceptar. Me niego rotundamente todavía a que a esta femme fatale se le escapen las presas.
Ah.
Pero es que ando siendo amiga de un chamaco que me trae cacheteando el campus de Komaba. Es un chamaco de verdad. Tiene arranques de adolescente. Y a mí ya me dio miedo que cada vez mis límites respecto a la edad están disminuye y disminuye. Al rato me van a ver viendo a escondidas a un menor... uf.
Pero es que me gusta reteharto.
Y somos cuates...
Puros abrazos, puras idas a comer, ya nada más falta que me empiece a contar de la que le gusta.
No... La secu...
Can you believe it?