Escuchas, mamá está acostada, y las memorias te atacan con frases, con caras, con la cara de la muerte, de la no vida, de las no ganas, de la cama, de la puerta que no quieres abrir, de la cara que no quieres ver, del pasillo de la casa que huele a cortinas cerradas, de la ilusión de niña que no concuerda, de la sonrisa de papá que trata de tapar el sol con un dedo, del hoyo negro que lo arrastra todo. Y, entonces, otra vez, tomas las riendas del carruaje desbocado que se volteó. Abres el recetario en la página 144 y sigues las instrucciones. La receta, sobre todo, te dice, ya no eres una niña.