Creo que hoy tengo ganas de documentar ciertas cosas. Cosas como las cosas que me rodean y me han rodeado en los últimos 10 meses.
Hoy pienso que no he escrito mucho, porque no he podido digerir mucho, porque lo que he vivido ha sido tan avasallador que todavía no sé cómo expresarlo o definirlo en su todo. Y todo me devuelve al tsunami del 11 de marzo. Pero no es el punto.
Pensaba que quería documentar estas cosas de hoy, porque no quiero que cuando dejen de estar se me olviden. Quiero documentar a Mariana, que debe estar en su lecho de muerte estomacal. Quiero documentar a la Almita, que debe estar trabajando en La Máquina de Teatro, que tanto adora. Quiero documentar a las dos con su Mar de Fuchi, que ahora también es mío y me hace muy feliz. Quiero documentar a mi capitán, que debe estar filosofando sobre la vida y el ser, y moviendo líneas en su computadora. Quiero documentar a Poppy, que debe estar haciendo el bisnes internacional de su joyería. Quiero documentar esta cocina que tiene un letrero al que nadie le hace caso que dice: YO USO UN TRASTE = YO LAVO UN TRASTE.
Quiero documentar a los que quedaron de la vieja escuela: a Yola y a Octavio, que no crean que no me he dado cuenta de que me ven como qué le está pasando a Jina. A Xeni y a nuestros chistes ñoños de lingüistas de clóset, que son lo mejor. Que no se me olvide Yásnaya, con su mixelandia y su casa Tacuba y su Avril con su sobreconciencia. Que no se me olvide Adriana. Que no se me olvide Aisha. Ah, sí. Que no se me olvide tampoco Valentina con ese grande encuentro/re-encuentro. Que no se me olvide que todavía tengo mi propia batiseñal.
Y así...
Mis tenis converse, que son mis primeros converse y que me recuerdan mucho a mi mamá.
Mi cuarto con mi pared de sakura rojo que pintamos Beto y yo.
Mi ventana con sus chiflidos incluídos y sus nervios de quién será, pero ya sé quién es.
Mi piano que vive muy feliz en su esquina que da al patio trasero, porque ahora lo tocan más personas: el marido de Alma, Beto (con Laura en los tambores), Grillo, Gus, Poppy cuando nadie la ve y así.
Mi bici que mi papá mandó remodelar ahora que regresé a México, y que fue casi que la culpable de que entrara a Insolente. Aunque casi que la culpable de que entrara a Insolente fue Patricio. Casa Patricio y la nueva chamba, y que la chamba me quedaba cerca, y que Ray me había aventado a la ciudad en bicicleta para que viera lo que es bueno, y que justo entraba a la casa cuando estaba la loca de Laura Benhumea, a quien también quiero documentar, y que debe estar ahora mismo en Japón (!!!), experimentando el choque cultural más grande de su vida.
Mi mamá, que lleva ya más de un año portándose muy bien, y de quien estoy muy orgullosa.
Mi papá, que ha sido lo más de comprensivo con está hija suya loca que tiene, y a quien admiro por su fortaleza espiritual.
Mi hermanín, que no está, pero, bueno... snif.
Y mi cachorrito que le gusta jugar a que somos novios.