viernes, 9 de mayo de 2008

de ficciones de hechos

Bueno...
Hoy me llegó un comunicado de un tal Ing. Alejandro Ordaz Moreno. Su carta me pareció de lo más amarillista, no quedaba muy claro nada, más que había sido discriminado por cuestiones raciales, lo habían golpeado y estaba detenido en Sevilla, siendo que era un doctorando, de primer nivel, un becario de CONACyT. ¿En serio? ¿En España? Así que me fui a googlearlo, por supuesto, y lo primero que me encontré fue unos videos de YouTube de lo más extraños, que prometían mostrar la declaración del Maestro Alejandro y, en vez de eso, una voz de grabadora, en español castellano, repetía la carta que ya había leido. Lo más raro era que la imagen transmitida era la cara del Alejandro, manipulada con algún programa de computadora para que la boca se moviera, como si hablara. Hilarante.

Lo primero que se me ocurrió fue "esto es una farsa". Sobre todo que, hasta el momento, el único noticiero que había encontrado que trataba la historia era el de López Dóriga, ya saben, igual de amarillista. Típico que arme escándalos por nada, por y para mera distracción. Seguí buscando, al final me di cuenta de que había una notita por ahí en La Jornada, otra por ahí en El Milenio, así, El Universal, la Proceso, una entrevista con la mamá de Javier Solórzano (perdón, con la mamá del muchacho, en el programa de Javier Solórzano), un comunicado de la SRE (Secretaría de Relaciones Exteriores) y otro del SIL (Sistema de Información Legislativa).

Al menos quedaba claro que
(1) sí había un detenido en Sevilla, que en la detención todos (el detenido y los policías) habían terminado golpeados, golpeadísimos, brazos rotos y todo,
(2) que había un reporte de acoso involucrado, tres mujeres habían reportado a alguien que cuadraba con la descripción del Alejandro,
(3) que el Alejandro iba medio borras,
(4) que en algún momento le apuntó con una pistola a uno de los policías y
(5) que la sentencia que se espera es de 15 a 20 años de cárcel.
Los delitos que se le imputan son agresión a la autoridad e intento de homicidio. Y como nota interesante: "el gobierno de Guanajuato aportó 3 mil 500 euros (unos 52 mil pesos) para la defensa legal y el traslado del padre [policía del Estado], a quien se le autorizó un permiso de tres meses con goce de sueldo" (Vanguardia). Qué tal.


Ahora, lo que sigue está basado en hechos reales, pero, al final, es un ejercicio creativo. Ora sí que, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Resulta que, como muchos de nosotros, el Alejandro se fue al extranjero a estudiar su doctorado, con su beca de CONACyT, muy contento, el reventón en España, también, ya se sabe, y las chiquitas, en lo que regresa a México, porque pues el cuerpo es el cuerpo, por mucho que uno se vaya a casar en Agosto y tal.

Así que en una de esas noches, yendo al bar de costumbre, se encontró a tres reinitas, y empezó el ligue, pero al final las chavas ya no quisieron, y el otro se sentó en un rincón, a tomarse una tras otra. Eventualmente le dieron ganas de llegarle a su casa, y en el camino se volvió a encontrar a las chavas, así que les dijo, medio insistente, no quieren que la sigamos en mi casa o algo así. Las chavas dijeron, pero, ostia, tío, que vienes muy tomao, y lo mandaron a seguir su camino. Ellas también siguieron su camino, no sin antes reportarlo a la policía.

Ya venía el Alejandro de camino, cuando se acercó un auto. Era la policía que había respondido al llamado y habían encontrado a alguien que cuadraba con la descripción y el área, de modo que, quizás de mala manera, le pidieron que se detuviera. El Alejandro vio el auto, no era de la policía, era civil. En la borrachera, dijo, ni madres, yo aquí me detengo y estas personas, quién sabe quiénes sean, seguro me secuestran. Los policías, al no ver cooperación, sacaron la pistola y le advirtieron que se detuviera. El Alejandro se detuvo, pues ya ni modo, que me pase lo que me tenga que pasar. Pero en eso uno de los policías se distrajo, y el Alejandro pensó ahora es cuando y le quitó la pistola. Estaban en pleno forcejeo cuando llegaron los refuerzos y se le aventaron a golpes.

Por alguna razón, en la golpiza, no sólo Alejandro terminó agraviado, sino también los policías. ¿Cómo se explica que todos hayan terminado tan madreados? Era un llamado por acoso, no era para tanto la detención. Y otra cosa, ese Alejandro, por qué estaba tan paranoico. Qué necesidad de hacer tanto movimiento en defensa propia. Como sea que haya sido, ¿no es exagerada una sentencia de 15 a 20 años?

En fin, esperemos que al buen Alejandro no le termine tan mal esta situación.