Desde hace días me pregunto qué me está pasando. Es una clara sensación de mutación. Me dan ganas de llorar como si fuera a vomitar. Pensé es que estoy muy sensible, es el cambio, es normal. Pero lo que sucede es que aquí se me presentan todos los fantasmas, otra vez, como si no me hubiera enfrentado a ellos ya, como si fuera la primera vez. ¿Sabes? Parece que hubiera mandado todo a la chingada y todo se hubiera venido para acá y me hubiera estado esperando, pacientemente, a que tuviera tiempo, a que terminara de arreglar todo, a que me titulara y demás, a que hiciera de mi vida un papalote y lo echara a volar, a que finalmente tuviera los güevos para llegar hasta acá y hacer lo que estoy haciendo, a que dejara de poner una excusa sobre la otra.
Mi madre, mujer, mi madre. Mi mamá. Los ovarios de mi okaasan. Los que por efectos de la termodinámica me trajeron del otro lado del mundo. Su ansia de aprender un pinche idioma extranjero, y no otro sino español. Su corazón en dirección a occidente (por qué no a China, ahí cerquita), a Lationamérica (por qué no a Inglaterra, al menos ahí el volante está del mismo lado), a México (por qué no a Panamá o a Belice, al menos es más primermundo).
Y de regreso. No ella; yo, la hija, la continuación. No soy un uno sin genealogía. Tengo mi herencia. Soy parte de su historia y ella es parte de la mía. Pero por alguna razón, ella no habla de sí misma, y difícilmente escucha. Así que me toca armar un rompecabezas.
Hoy supe de un paso atrás, de una escena anterior. Mi madre se graduó de la Universidad de Rikkyo, una de las unversidades más célebres de Tokyo, del departamento de turismo. Y mientras se graduaba, estudiaba español en Jyouchi, o Sophia University. Al parecer era una estudiante destacada. Hoy tuve una sensación de lo más extraña. Me dio orgullo ser su hija.
Y luego vi fotos de cuando andaba de arriba para abajo con mi papá. Quién iba a creer esos abrazos y esas miradas, sin verlos con los propios ojos. Hoy me dio orgullo ser su hija.