lunes, 9 de marzo de 2009

continuum, continua

Fui a ver la casa. Me sigue enamorando. Y la casera. Debe estar arriba de los sesenta, porque la veo mayor que mamá y por la edad de sus hijas. Su alrededor me impresiona. Parece que la virtuosidad entrara y saliera de esa casa. Y me pregunto si yo también llegaré a formar parte de sus historias.

Estos días, las cosas van pasando y, de pronto, en lo que pasan, lo advierto; y, de pronto, en esa advertencia, me mareo. No lo creo. Pero, a la vez, sé que si de verdad todo esto está pasando, tengo que actuar; y por eso hago citas, y por eso hago llamadas, llevada por una parte de mí que está concentrada en seguir con lo planeado o -más bien- en actuar ante lo sucedido. La otra parte de mí simplemente observa, camina pero a la vez la transportan, parece que estuviera viendo una película. Es por eso que cuando cae en cuenta de que esa película es de hecho la vida real, la vivida, la física, la que toca los sentidos, la que es conciente... cuando esa parte de mí decide hacerse parte de todo eso, sufre espasmos.

Ayer me tocó estar con un grupo de latinoamericanos (dos peruanas, una boliviana, una mexicana), comiendo en un chino. La chifa, como le llaman en Perú. Todas hablando perfecto japonés.

Me impresiona.

Me impresiona sobremanera la gente que se agrupa de pronto, que me ha tocado ver aquí. Los encuentros son fugaces, pudiera ser que parciales; pero son abrumadores. Me hacen pensar que hay algo en la gente que sale. En la gente que sale, aguanta, se queda. Será que así somos los seres humanos. Tenemos la capacidad de cambiar con el entorno, dependiendo del entorno. Tenemos naturaleza camaleónica. O será esto la supervivencia de las especies. De alguna manera siempre actuar para proveernos de lo que necesitamos. Quizá está en nuestro instinto. Y nuestra voluntad responde a ese instinto como a su vez los actos responden a las voluntades.

Por eso, a veces, hablar de que no somos más que resultado de las circunstancias es injusto. Porque parece que se negara esa voluntad.

Es una cuestión circular.

No somos sin circunstancia. Pero no somos tampoco sin la respuesta a esa circunstancia, que somos nosotros mismos y nuestro instinto y nuestra voluntad. Ese interior que responde está en constante comunicación con el exterior. Cambia con el exterior. Cada que responde, se transforma. No somos uno y el resto, o uno y el ambiente, o uno -como se quiera llamar- pero desligable, discreto -distinto-, delimitado, sólo porque supuestamente nuestras materias están separadas.

No.

Los seres -la seridad- está en constante comunicación.

Somos un continuum con el resto.