miércoles, 17 de junio de 2009

los ángeles sí existen

Estaba ya en el borde, de verdad, como un elefante en la cuerda floja (y tomo prestada esta imagen del chat de hoy en la mañana, porque es demasiado exacta). Simplemente demasiado peso -tanto que no te deja avanzar porque cualquier paso y caes al vacío- y demasiado esfuerzo para mantener el equilibrio. Ayer me quedé dormida de cansancio. Creo que nunca me había pasado. Realmente no tenía sueño. Sólo sentía una especie de mareo provocado por una especie de asfixia mental y emocional. Sólo recuerdo el skype colapsando (terminando con la última esperanza que tenía ese día de callar el discurso interno), porque la lluvia no le permitía a mi conexión robada una buena señal, y yo dejando todo como estaba, porque realmente no me quedaba cabeza, ni corazón, ni estómago, para nada, sólo mandé un mensaje por el celular, discúlpame, no pretendía molestarte, últimamente me siento demasiado cansada e inestable y termino preguntándome cosas que atentan contra el sentido de estar aquí, pero eso es simplemente demasiado peligroso, debería dejar de hacerlo, dejo deslizar el celular por la mano y me desconecto. Soñé algo en algún momento. Lo sé. No lo recuerdo. Desperté, de alguna manera clara, descansada, sólo con el mal sabor de boca de la cruda moral, cómo hay días en los que simplemente decides correr desbocada al precipicio. Estaba despierta y clara, cuando vibró el celular. Abrí el teléfono, son las cinco de la mañana, quién me escribe a esta hora, sólo puede ser un ángel. "Ey, te extraño, por qué no te has conectado? te quiero". Ah, sí. Sí hay más que yo misma y lo que me tenga que maldecir. Y yo también te quiero. Me levanté. Hice café y el desayuno. Me pelié con la tarea de la clase de programación. Otro mensaje. Todo está bien. No ha pasado a mayores. Un par de chats. Venga, Jo. Sí. Venga. Sigo en franca lucha con los códigos y las interfases. Luego me encamino a marchas forzadas a la escuela. No quiero ir. Y para muestra, dejo ir un par de trenes. Ya falté a una clase, y voy llegando tarde a la otra. Hablan de fonología del chino, pero no me interesa seguir escuchando cátedra. Sólo porque ahí está mi amiga, e intercambiamos ideas sobre la tarea de sintaxis de mañana. Compro la cena en el supercito. Voy al lounge que está frente a la sala de estudio. Abro el skype. Me preguntan que si la sala de estudio descansa algún día. Yo contesto que no sé, y sólo para corroborar, salgo del lounge, me asomo al horario, regreso al lounge, veo una sombra a mi lado que me supongo es un estudiante. Regreso a la computadora para comentar que no, la sala de estudio no cierra nunca, y en eso me doy cuenta de que la sombra que vi de reojo, era Hugo Voss, al que no veía en semanas. Me cuenta una historia en la que él termina en el set de una película donde se encuentra con Leonardo Di Caprio en la torre Mori de Roppongi, y nos reimos como locos. De pronto desaparece mi dolor de estómago. Hablo y me doy cuenta de que mi discurso es mucho más claro que ayer, y mis ideas parecen tener dirección. Todo parece manejable, otra vez. Sí hay mucho trabajo y un sinfín de pendientes, pero se puede. Sí me causan frustración los muros entre los profesores y los alumnos de esta escuela, pero puedo evadirlos, por el momento. Sí tengo un plan viable, que tiene que ver conmigo y que puede tener impacto social, que se sirva de la lingüística para sus fines. Sí tengo razón de ser en este espacio y en este momento. Sí vale la pena.

Un abrazo.