viernes, 19 de junio de 2009

terapia de conciencia

Lo que me sucede puede resumirse en la siguiente frase: "pérdida de conciencia".

No así como que me quedé inconciente, aunque a veces me parece que lo mejor sería desconectarme. Ni así como que soy una inconciente social, aunque lo sea, pero no es a lo que voy ahora. A lo que voy es que de pronto me hice a la idea de que estaba donde estaba y hacía lo que hacía, y perdí la sensación de sorpresa. Me relajé lo suficiente como para ver los negritos en el arroz.

Debe ser muy humano, y yo, como siempre, todo lo exagero, nomás porque ora me pasa a mí.

Pero es curioso. Es como la dinámica de fuerzas de la semántica cognitiva. Yo, para advertir mi vivir, necesito una fuerza contraria que atente contra mi comodidad. Entonces, puedo defenderla y estar satisfecha con lo que tengo. Ahí puedo moverme o, más bien, estar conciente de mi movimiento.

Y una terapia buenísima, de verdad, es escribir un currículum, llenar una hoja con tu proyecto a futuro, para convencer a alguien de que te dé dinero. Sea cual sea el resultado, en el camino, mínimo te convenciste a ti mismo de que eres redituable.