martes, 27 de julio de 2010

notas mentales

Aparte de la polaridad en las tradiciones. No dejo de pensar en las clases sociales. El hecho mismo de que haya clases sociales. Lo increíble de que las costumbres, el lenguage, la visiones básicas sobre la vida cambien tan drásticamente de clase social a clase social. No compartimos todos la misma cultura. No compartimos los mismos ideales. No tenemos las mismas necesidades. Por eso muchas veces me cuesta trabajo hablar sobre México, cuando me preguntan. ¿De qué te hablo? ¿Del mínimo por ciento de la población al que pertenezco en términos socioeconómicoeducativos? ¿O del otro resto que de hecho es mayoritario, pero del cual no sé casi nada? ¿O te hablo de la población monolingüe española "mono"cultural? ¿O del gremio intelectual-artista-de izquierda?


No me gustan las descripciones de papel picado de colores típica pero de hecho impalpable sobre los mexicanos o la mexicaneidad. Tampoco quiero caer en el relativismo al que tiendo generalmente. Pero, en cualquier caso, el resultado es de unos japos más confundidos que al principio, aunque sí más interesados. Y creo que ahí vale la pena no contar de entrada que los mexicanos somos abiertos y cariñosos, pero irresponsables y poco confiables. Como para mí vale la pena sobre todo contextualizar que los japoneses sean insensibles y distantes, pero respetuosos y disciplinados. Es decir, en qué sentido, y si lo comparas con quiénes, es así. ¿Y qué tanta reelevancia tiene hacer una definición partida de ambientes fuera de la comunidad? ¿Qué tan transferible es una misma actitud, de una sociedad a la otra? Los gestos, las dinámicas grupales, el rechazo, la aceptación, la intimidad, la cortesía.