Sábado 31 de Julio del 2010. 5 de Febrero e Isabel La Católica. Centro de la Ciudad.
17 horas. Yo llego con puntualidad japonesa. Claro que se me hizo temprano. La familia que visito es una familia de Nisei y Sanseis. Es la primera vez que saco la grabadora. ¿Te molesta que te grabe? No, para nada. Entrevisto a la señora de la casa en lo que llegan los demás miembros de la familia.
Yo realmente me siento en actitud de documental. No sé por qué siempre me han interesado más las microhistorias que la macrohistoria. No que no haya una relación directa entre unas y otra. Es sólo que siempre que me empiezan a hablar de numerotes, de cientos, de miles, de millones, me pierdo. No es que niegue que las personas que comparten cierto contexto, cierta época, cierto espacio, tengan rasgos en común. Simplemente quiero poner un dedo en el renglón del fenómeno abstraído, en el cuaderno de las masas. Porque cuando leemos sobre las olas migratorias, cuando leemos en porcentajes, cuando pensamos en las razones generalizadas, se nos olvidan las historias personales. Y por eso me cuestan trabajo las estadísticas. Y por eso insisto en apuntar que los datos no son datos, son personas, con experiencias, con emociones, con confusiones, con sentimientos encontrados cuando se enfrentan a preguntas sobre su cultura, sobre sus capacidades lingüísticas, sobre su identidad. Cómo me ven los demás. Cómo me veo yo. Siempre en contraste. Siempre en contexto. Ni de aquí ni de allá. ¿Te ves a ti mismo como mexicano? ¿Te ves a ti mismo como japonés? Es un problema.