Por fin, señoras y señores: Terminé de meter los datos de 100 encuestados (palmas, por favor) a Excel. Y sobretodo logré entender las funciones básicas del SPSS. Nada de qué maravillarse, en realidad: he logrado sacar porcentajes, frecuencias, calcular grupos dentro de grupos. Nada muy locochón. Ni siquiera entiendo todavía lo del cluster analysis, but what the heck. Les transmito, en vivo y en directo, las primeras notas sobre el análisis, las primeras notas en contraste con lo que esperaba, las primeras notas ante la metodología utilizada, los arrepentimientos, culpas y demás.
(I) Realmente tengo que empezar diciendo que hacer trabajo de campo es una de las grandes satisfacciones que he tenido como académica.
Mi primera actitud durante las primeras entrevistas (las que hice en la Asociación Mexicana Japonesa (AMJ) con los chicos de la Organización de Jóvenes Nikkei (OJN)) fue todavía de distancia ante lo que veía, como a través del cristal de la teoría. Escuchaba a mis entrevistados, e inmediatamente se atravesaba la teoría entre ellos y yo. Mejor dicho, mis preconcepciones se interponían. Incluso tenía la necesidad de adelantarme a sus respuestas. Escuchaba Sansei (tercera generación) o Yonsei (cuarta generación) y las conclusiones en mi cabeza no se hacían esperar.
Sin embargo, lo que bien o mal pude percibir es lo siguiente. Los chicos de la OJN tienen entre 13 y 25 años de edad, y lo que sale a la vista es que tienen una clara idea sobre lo que es ser Nikkei (descendiente de Japonés). Lo que en verdad me impresionó fue que yo esperaba encontrarme con una serie de complejos ante lo puramente japonés –quizás porque yo crecí mucho tiempo con el complejo de no ser puramente japonesa– pero en vez de eso me topé con un grupo de gente realmente muy joven –y, a mi ver, poco experimentada– que fuertemente afirmaba un orgullo Nikkei. Muchas veces me sonó la explicación de 'porque tienes lo mejor de ambos mundos'. Y he aquí mi primer arrepentimiento: nunca pregunté ¿qué es lo mejor de ambos mundos? Ahora me parece que quizás no lo hice porque en ese momento era un tanto obvio: la disciplina japonesa, el amor al trabajo, el compromiso, la personalidad mexicana, la calidez, el ritmo tranquilo de vida, por supuesto la riqueza de ambas culturas en el sentido tradicional, histórico, artístico, gastronómico, quizás hasta literario. Y, aún así, me hubiera gustado escucharlo de sus bocas y ver sus gestos en tanto se expresaban de sus dos alegadas herencias.